[Actualidad] The World Is a Beautiful Place & I Am No Longer Afraid to Die – «Always Foreign» (2017)
De nombre tan asfixiante como poético, The World Is a Beautiful Place & I Am No Longer Afraid to Die comenzaban a escribir este «Always Foreign» poco después de la elección del monstruoso Trump como presidente del planeta Tierra y parte del espacio exterior más próximo. Su título no deja demasiado a la imaginación e impregna de odio canciones tan directas como ‘Fuzz Minor’, en la que el bajo de Josh Cyr deja todo listo para que David Bello clame iracundo contra el creciente racismo norteamericano y sus controvertidas políticas migratorias. Un desasosiego que se extiende a otras pistas que tiran a herir al sistema capitalista como ‘Marine Tigers’, de desarrollo soberbio y de final catártico, o una ‘Faker’ que parte del indie para ir creciendo en intensidad hasta explotar en el emo más poderoso al más puro estilo Brand New. Y precisamente siguiendo el camino de Jesse Lacey y los suyos, ahondan en la oscuridad melódica y las letras punzantes para clavarnos poco antes esa ‘Hilltopper’ rebosante de furia.
De espíritu más pop nos entregan ya en el arranque la dupla formada por ‘I’ll Make Everything’ y sobretodo ‘The Future’, pildorazo con ritmo punk y estribillo pegadizo como pocos para firmar una de las composiciones más vitalistas del disco. También cañera y supervitaminada suena la genial ‘Dillon and Her Son’, donde los sintetizadores llevan el sonido del grupo a otras dimensiones cercanas al power pop más acertado.
Pero una vez más, será en esa reminiscencia al emo de principios de siglo donde The World Is a Beautiful Place encontrarán sus mejores esencias. El atmosférico comienzo de ‘Gram’ pronto nos traerá a la mente la batería y las trompetas con las que American Football marcaron una época e inventaron ese lenguaje propio que aún sigue creando escuela dentro de la música. Una influencia que queda también patente en ‘Infinite Steve’, tema en el que, tras un ejercicio de pegada inquebrantable por parte de Steven Buttery, el tempo se relaja para dejar vía libre a la melancolía, modulada a la perfección en el aspecto vocal y agudizada aún más con esos violines que culminan con la irrupción de la mágica trompeta de Matthew Hull, con la que despiden el álbum por todo lo alto y guiñan ojo y medio a la formación de Kinsella. Aire fresco con los mejores aromas de siempre para una banda que no deja de crecer con cada nuevo trabajo discográfico.





