Yo La Tengo @ Sala La Riviera (Madrid) 11-02-2019

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Con una de las discografías más personales y avasalladoras de la música independiente de las últimas tres décadas, Yo La Tengo siguen siendo uno de esos diamantes que jamás aspiró a ser pulido. Su sonido imperfecto y lleno de aristas converge en una belleza pura difícil de comprender, pero que al mismo tiempo ofrece el valor de un tesoro para quienes la admiran con devoción. Poco importaba que el grupo de Nueva Jersey editase el pasado año un nuevo disco más allá de la perfecta y celebrada excusa de volver a tenerles aquí. Todo lo que tocan se convierte automáticamente en suyo y pasa a engrosar su infinito universo sonoro. Al verles en directo da la sensación de que fuese cual fuese su repertorio, el resultado sería siempre igual de inmenso. Lo suyo es algo cualitativo, aunque sin duda a su paso por Madrid también fue cuantitativo, desplegando un recital de más de dos horas y media de duración que dividían en dos partes con descanso incluido, como si de una gran obra se tratase.

La obertura inicial la marcaba esa ‘You Are Here’ que nos situaba anunciando un primer set eminentemente minimalista, donde Yo La Tengo desplegaba unos compases y una sutileza de música de cámara. Un papel que bordaban a la perfección gracias al talento multinstrumentista de sus tres integrantes, que tan pronto tocaban las guitarras como los teclados o las percusiones, rotando y añadiendo matices desde la más absoluta calma. Ya fuesen guiados con el contrabajo de James McNew, en temas de espíritu jazz como ‘Forever’ o esa ‘Ashes’ cantada por la magnética voz de Georgia Hubley, o de la mano de esas melodías nostálgicas y calientes como el sol de invierno. En esta línea brillaron ‘One PM Again’ y esa maravilla titulada ‘Tom Courtenay’, que despertaba al respetable con los primeros coletazos de distorsión para culminar en la apoteósica ‘Big Day Coming’. En ella, Ira Kaplan se sentaba al piano para regalarnos uno de los momentos más emocionantes de la noche. Aún se puede sentir en la piel esas notas repetidas una y otra vez en bucle con las que nos elevaron por la nubes para terminar rematando este primer acto con una ‘Here You Are’ que cerraba el círculo.

De vuelta del intermedio, la teatralidad más sosegada del primer acto daba el testigo a un bloque de canciones que pese a empezar con la paz de ‘Polynesia #1’, no tardaba en descubrir esa otra cara menos amable de Yo La Tengo, en la que la distorsión y el ruido lo invaden todo para terminar de espantar a los oyentes más acomodados. ‘False Alarm’ arañaba al máximo la crudeza, con Kaplan desafiando la estridencia y golpeando con virulencia las teclas para distender nuevamente el pasaje con la onírica ‘For You Too’ o la cadencia de ‘Shades of Blue’. Un ritmo que el propio Kaplan mandaba repetir hasta en tres ocasiones, disfrutando al máximo de todos sus detalles y comentándolos abiertamente con el público para que también nosotros pudiésemos entenderlos de la misma manera. Dentro de este bajón de intensidad flotamos con la voz de Hubley en la deliciosa ‘Deeper Into Movies’ o, cambiando al timbre de Kaplan, en ‘Autumn Sweater’, transición tras la cual llegaba la tempestad con dos latigazos de energía como ‘Double Dare’ y la descomunal ‘I Heard You Looking’, con la que se retiraban a camerinos dejándonos felizmente agotados. Es emocionante ver cómo pueden cambiar de registro de esa manera tan coherente, acunando a aquellas personas que permanecían estáticas como estatuas ante la suavidad de su música, y a su vez llegar a otras cuantas que desde la parte trasera de la sala bailaban como poseídas las dentelladas más agresivas de su repertorio.

Rozando la medianoche, Yo La Tengo volvían al escenario para despedirse como solo ellos podían hacer. La fulgurante ‘Somebody’s Babe’ reavivaba la llama para pasar de sopetón a la misteriosa neblina que ilustró el gran maestro de la fotografía Gregory Crewdson en su álbum “And Then Nothing Turned Itself Inside-Out”. Tal vez una de las cumbres de su carrera y a su vez del dream pop, de la que solo rescataron en esta ocasión una ‘Our Way to Fall’ que nos deseaba los mejores de los sueños y que bien podría haber valido una despedida gloriosa de no ser porque el carácter imprevisible del grupo siempre alberga lo espontáneo. De esta manera cerraban su excelso concierto con el toque country y fuera de lugar de ‘What Can I Say’, con el que nos devolvían a la realidad y nos mandaban a casa totalmente exhaustos pero con la sensación de haber asistido a un recital a la altura de muy pocas bandas en el mundo.

Escucha la playlist completa del concierto de Yo La Tengo en la Sala La Riviera (Madrid) 11-02-2019 

Sobre el Autor

Luis Arteaga
Luis Arteaga

Todavía te debo una disculpa, no te devolví el cuchillo nunca.

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