Ty Segall @ Sala But (Madrid) 24/10/2014

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Si vas a un concierto de Ty Segall hay dos cosas que deberías saber: una es que puedes subirte al escenario, apropiarte de uno de los micrófonos y lanzarte al público en plancha contando con el absoluto beneplácito (e incluso una risita picarona) del cantante, y dos, que vas a ver uno de los mejores conciertos del año.

El cuarteto americano (con Mikal Cronin al bajo) presentaba su último trabajo en Madrid (“Manipulator”) ante una sala But a rebosar, y ofrecieron un recital de rock memorable.

La elegida para abrir el show fue el primer single, que da nombre a su nuevo álbum (entendiendo que el término “nuevo” pueda verse reemplazado en los próximos meses debido al alto ritmo de composición y creación del californiano). Tras este siguió lanzando temas de su disco más reciente, con un sonido menos garagero y ruidoso que trabajos anteriores, y pronto cayeron ‘It´s Over’ y ‘Tall Man Skinny Lady’. Un buen calentamiento para después soltar desde sus cuerdas la frenética ‘Feel’, uno de los mejores temas del disco y que inundó de auténtica locura una sala que desde los primeros compases se mostró a merced de un Ty Segall complaciente, que no dudaba en mimar a su público apartando a la seguridad que intentaba echar a aquellos que comenzaban a subirse al escenario.

A estas alturas la locura estaba desatada, con pogos, sudor y cada vez más espontáneos buscando el protagonismo en la tarima. Pero era su noche, la noche en que Ty Segall era feliz tocando, y se lo hacía saber a su público con una media sonrisa que se distorsionaba ligeramente para reventar la sala con sus solos purificadores y con ese rock que le ha convertido en figura de referencia (y reverencia ) para muchos.

Siguieron cayendo nuevas composiciones, como ‘The Crowler’, ‘The Singer’ y ‘The feels’, para despues empezar a recurrir a antiguos guitarrazos, como los de ‘You´re the Doctor”, que de nuevo trajo una locura y empujones que no pudieron más que agravarse con ‘Thank God For the Sinners’. El propio californiano, contagiado por la euforia de la sala, buceaba entre el público guitarra en mano culminando sus solos, para más tarde ser aupado cual semidios del rock entre las manos de sus fieles.

Aún quedaban sorpresas, y en el bis Segall cedía su guitarra a un joven envalentonado (previa petición suya, claro) al que no le tembló el pulso y se despachó a gusto con los acordes de ‘Girlfriend’. Ty le miraba cual hermano mayor orgulloso e incluso le cedía también el micro, del que se apoderaron después varios valientes más creando el caos en el escenario.

La música dejó de sonar pero él todavía seguía allí. Salió el último del escenario, bajando poco a poco el volumen de su amplificador y seguramente deseando quedarse un ratito más, como a todos nos hubiera gustado.

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