Spiritualized @ Sala La Riviera (Madrid) 03-11-2018

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A pesar de comenzar su concierto con una versión reducida de ‘Hold On’, pausado tema con el que echaban la vista atrás a las primeras de cambio, en poco más de un minuto Jason Pierce y compañía estrujaban sus instrumentos en un festín de distorsión y ruidos disonantes para dejarnos claro que durante las próximas dos horas nos iban a mantener alerta. Un no al conformismo que va desde la ejecución de un setlist que otorgó gran parte del protagonismo a su última obra hasta la disposición de los músicos en el escenario, con Pierce sentado durante todo el concierto y formando junto al resto de su banda un semicírculo, con la parte central solo ocupada por el muro de sonido que proyectaron. Lo hicieron a través de tres guitarras, sólida base rítmica, unos teclados que sustituyeron la parte más orquestal de sus discos y un triple coro femenino que llevó canciones como ‘Come Together’ a alcanzar impactantes cotas de intensidad. Sonando a las primeras de cambio y solo precedida por ‘Hold On’, ésta dio el pistoletazo de salida a una primera parte que sirvió como breve pero homogéneo repaso a su discografía. El slide sideral de ‘Stay With Me’, la creciente intensidad de ‘Shine a Light’, el sentido dolor de ‘Broken Heart’ y ese luminoso acercamiento al mejor pop que es ‘Soul on Fire’ sentaron los cimientos, casi de manera literal, para la llegada de “And Nothing Hurt”.

De las incontables virtudes de una obra tan mayúscula como la perpetrada este año por Pierce ya hablamos largo y tendido por aquí, y cuando tienes entre tus manos semejante artefacto no hay mejor manera que darlo a conocer sobre un escenario como lo hicieron Spiritualized el pasado sábado en La Riviera. Interpretado de principio a fin y en el orden exacto en el que fue concebido para su versión de estudio, “And Nothing Hurt” sonó brillante, a ratos épico, con la sosegada intensidad de un susurro por momentos y siempre con la crudeza que demanda una puesta de largo en directo. Casi con disimulo, las capas de sonidos se iban sucediendo y cada nuevo arreglo que surgía invitaba a subir la intensidad hasta que, sin darnos cuenta, estábamos siendo aplastados por una apisonadora sonora. Así fue en temas como la delicada ‘Let’s Dance’, una urgente ‘The Morning After’ en la que nos atronaron con varios minutos de distorsión y epilepsia visual, esa ‘Here It Comes (The Road) Let’s Go’ con las voces de Pierce y los coros en perfecta comunión o la final ‘Sail On Through’, definitivo viaje al espacio más luminoso. Tras ella se despidieron con ovación cerrada para volver unos minutos después y concluir una noche mágica.

Lo hicieron primero con ‘So Long You Pretty Thing’, otra de esas canciones que arranca en la calma más absoluta y va creciendo a base de capas, con la intensa celebración del público en su estribillo final como la más importante de todas. Tras ella, radical cambio hacia la potencia de ‘Out of Sight’, una última demostración de virtuosismo guitarrero para despedirnos con su ya clásica versión de ‘Oh Happy Day’ y regresar al comienzo, de nuevo a ese sosegado minuto y medio inicial de ‘Hold On’ con el que cerraron un círculo perfecto y sin aristas, con el público a sus pies y la sensación de haber asistido a la más bella ceremonia musical del año. Si este es su adiós que nadie dude que serán eternos.

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