Pony Bravo @ Sala But (Madrid) 13-12-2018

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Tras su paso por el festival Tomavistas este mismo verano, el del jueves era el regreso a las salas de Madrid de Pony Bravo. Los sevillanos se evaporaron sin hacer demasiado ruido hace unos años tras la publicación de su tercer disco y de igual manera, sin previo aviso, en el mes de mayo volvieron a escena con el lanzamiento de tres nuevas canciones. Estas han terminado por convertirse en el preámbulo de un nuevo disco que, como dijeron sobre el escenario de la sala But, ya está grabado y tal vez se publique en el próximo mes de enero. O tal vez no. Así son Pony Bravo, tan peculiares e imprescindibles como ese setlist que daba comienzo llevando al extremo del reggae una ‘Pumare-ho!’ que se entrelazaba con algunas frases de ‘En el Lago’ de Triana. Una apertura al margen de todo que seguro descolocó a unos cuantos. Suerte para ellos que el segundo envite venía de la mano de ese hitazo que es ‘El Político Neoliberal’ y que, ya sí, ponía a bailar a una sala abarrotada.

Durante una hora y media los Pony jugaron así a lo del palo y la zanahoria con nosotros. Presentaron unos cuantos temas nuevos con los que intentaron fluir por el lado de la psicodelia hasta el punto de resucitar a su manera el ‘Te Estoy Amando Locamente’ de Las Grecas. Todo ello con baterías programadas, altas dosis de teclas y un quinto miembro sobre el escenario que no era otro que Raúl Pérez, productor habitual de la banda, mano ejecutora de los estudios La Mina y parece que ahora también acompañante del grupo en las próximas fechas. Entre éstos sonaron, claro, zanahorias imparables como ‘Turista ven a Sevilla’ y su irónico alegato anti gentifricación, ‘Noche de Setas’, una ‘Ninja de Fuego’ de luces rojas y trance instrumental, la siempre bailada hasta el descoyunte ‘Rave de Dios’ o las más actuales ‘Rey Boabdil’ y ‘Espectro de Jung’. Visita al camerino de rigor y regreso al escenario para encarar un bis ya anunciado con ‘Zambra de Guantanamo’ y la celebradísima ‘Mi DNI’. No será su mejor canción ni tampoco la manera idónea de acabar un concierto pero ésta ha calado hondo en un público siempre deseoso de gritar eso de ‘camello, yo’ y regodearse en las miserias de una escena musical casi siempre tan ridícula como imprescindible.

Por suerte, grupos como Pony Bravo están por encima de todo ello y seguramente es por eso y no por otra cosa por la que son tan jodidamente necesarios.

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