Nudozurdo @ Sala Copérnico (Madrid) 19-05-2018

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Hace tan solo unos meses Nudozurdo daban la bienvenida a 2018 con un rotundo concierto en Madrid en el que presentaban su último disco, “Voyeur Amateur”. Es por ello que su regreso a los escenarios de la capital tenía que ser especial y nada mejor que celebrar el décimo aniversario de “Sintética” como excusa para volver a convocarnos en torno a la sala Copérnico. Además, lo hacían con el marco ideal que supone Sound Isidro, ciclo de conciertos que está llenando de música las salas durante este mes de mayo.

Publicado en 2008 como su primer disco, aunque en realidad no lo fuera, ya que su anterior álbum ya grabado no pudo lanzarse en aquel momento por problemas legales, “Sintética” no solo sentó las bases de un sonido propio sino que diferenció a Nudozurdo del resto de propuestas del mal llamado indie nacional. En un año en el que se publicaron discos como “Un Día en el Mundo” de Vetusta Morla y grupos como Love of Lesbian o Sidonie preparaban sus canciones de mayor éxito, el grupo madrileño conseguía dar forma a un disco que se alejaba del pelotazo directo con un sonido tan oscuro y agresivo como delicado, además de unas letras retorcidas que todos, en algún momento de nuestra vida, hemos hecho nuestras. Y como ocurre con este tipo de canciones, el paso de los años las ha colocado en su lugar, convirtiendo “Sintética” en un disco de culto al que siempre recurrirán en sus conciertos y que el pasado sábado llevó a un buen número de treintañeros ávidos de nostalgia musical a rememorarlo en directo.

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Acompañados sobre el escenario por César, miembro del grupo durante la primera etapa y que aportó teclados y segundas guitarras a la noche, Leo, Meta y Ricky repasaron el disco protagonista de principio a fin y en su orden original. No hay mejor forma de abrir un concierto que con los acordes iniciales de ‘Mil Espejos’, alargados en un bucle eterno para la ocasión, ni de terminarlo con ‘Ido’ y esa belleza instrumental que ganó en agresividad con la pegada animal de Lavado a la batería. Entre medias, la frenética furia de ‘Negativo’, la dolorosa emotividad de ‘Ganar o Perder’, el aplastante muro de sonido que es ‘Kamikaze’, la explosiva sensualidad de ‘Otra Vez’ y los constantes vaivenes de ‘El Hijo de Dios’, punto álgido de la noche gracias a una versión viva y llena de acelerones y frenazos con la que el grupo dejó clara su inquebrantable química sobre las tablas. Y es que lejos de ofrecer un repaso mecánico, las canciones de “Sintética” cobraron nueva vida, juntando por una vez lo mejor de esa ingenua frescura con la que fueron concebidas y la madurez aplastante de un grupo en constante evolución.

Seguramente nadie se habría ido a casa insatisfecho tras el monumental repaso a su obra capital pero tras éste, la banda decidió seguir homenajeando su primera etapa con una segunda parte en la que fue “Tara Motor Hembra” el protagonista. Con la colaboración a las voces de Cela, de los teloneros Reserva Espiritual de Occidente, encararon entre el silencio generalizado ‘El Diablo Fue Bueno Conmigo’ y una especialmente inspirada ‘Dosis Modernas’, con César brillando a las guitarras. Y con Jorge Fuertes, antiguo batería del grupo, sustituyendo a Ricky Lavado, volvieron a despedirse tras una imprescindible ‘Prometo Hacerte Daño’ para encarar después el último bis de la noche, esta vez dedicado a su último disco, “Voyeur Amateur”, al que llevaron a sus dos extremos. ‘Úrsula Hay Nieve en Casa’ aportó la delicadeza y el tema que da título al álbum nos despidió definitivamente con sus demoledores riffs y su desquiciada recta final.

Texto: Iván Díaz
Fotografías: Luis Arteaga

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