Nudozurdo + Disciplina Atlántico @ Sala Copérnico (Madrid) 20-01-2018

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Como los besos de ‘Bronca Zafiro’, Nudozurdo son gigantes y diferentes, un grupo especial con el que cuando conectas lo haces hasta lo más profundo. Difícil que no sea así una vez te enfrentas a unas letras que parecen contarte tu vida y que ponen voz a muchas de las angustias existenciales que te invaden a la vez que ironizan con ese mundo, a menudo tremendamente absurdo, que nos rodea. “Voyeur Amateur”, publicado el pasado 2017, fue la culminación de una trayectoria constante pero llena de vaivenes sonoros que les han llevado a forjar una personalidad sólida como una roca y a convertirse, definitivamente, en una banda a la que venerar. Repletos de particularidades, el tándem formado por Leo y Meta ha terminado de cerrar el círculo con la incorporación de un Ricky Lavado que ha llevado las canciones del grupo a otro nivel y ha convertido sus conciertos en una demostración de potencia sonora a la altura de pocos. Los cuidados arreglos y detalles que pueblan sus discos dan paso en directo a un vendaval de nítida distorsión en el que todo encaja, una vez más, a su manera y sin ningún tipo de concesiones.

En su más reciente triunfo, el de llenar la madrileña sala Copérnico, contaron con el apoyo de Disciplina Atlántico, siempre teloneros de lujo y siempre aprovechando sus minutos saliendo a matar, con el cuchillo entre los dientes. Así lo hicieron el pasado sábado, con esa apertura ya habitual invocando a ‘El Cristo de las Sales de Baño’ por la vía de la distorsión y la psicodelia acompañados por un saxo desquiciado y los constantes arrebatos de furia guitarrera. Con “Gran Oriente”, su primer larga duración todavía en la memoria, no perdieron la ocasión de presentar un par de nuevos temas en los que intuimos cierto avance por el lado de la melodía y otras frases para enmarcar dentro de esa oscura crónica social que siempre nos arrojan a la cara. Especialmente finos sonaron también en la afilada y muy punk ‘Chivato’, la abrasiva ‘Pantano (mierda de)’ y una ‘Anna Nicole’ imprescindible para cerrar sus conciertos con ese desarrollo instrumental interminable, expansivo y rugoso como papel de lija. Desde aquí, siempre a favor de la Disciplina.

Tras ellos, y volviendo a romper lo establecido, Nudozurdo se subían al escenario y arrancaban con una versión lenta y ultra distorsionada de la tan inesperada como aplastante ‘Bronca Zafiro’. Bofetada en la cara a las primeras de cambio ante un público más dispuesto a enaltecer temas como ‘Mil Espejos’, esa suerte de ‘Pictures of You’ en la que Leo volvió a jugar con nosotros retrasando su estribillo, o una ‘Ha Sido Divertido’ llena de amargura pero coreada con dedicación. Con una contundencia sobrehumana sonó ‘Voyeur Amateur’, desquiciada, sangrante y dolorosa, dejando claro todo lo que es el grupo hoy en día, y con igual soltura se deslizaron hasta su parte más ambiental en ‘Úrsula, Hay Nieve en Casa’, bella y punzante a partes iguales. También en ese único recuerdo a su anterior disco, un “Rojo es Peligro” bañado de sintetizadores y del que rescataron ‘No Siento el Amor y Tu Amor es Falso’ para hacerla encajar a la perfección en el momento actual de la banda. Ese que lleva nuestros tímpanos al límite en la parte final de ‘Dosis Modernas’, que convierte el ‘Hijo de Dios’ en una road movie con una apisonadora como vehículo principal o que nos hace sentir a través de la música toda la angustia y el drama de un mundo infecto con ‘La Ruta de los Balcanes’. Grupos así dan sentido a todo lo que hacemos.

Fotografía: Luis Díaz

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