Massive Attack @ Palacio de Vistalegre (Madrid) 18-02-2019

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Esta vez sí. Después de su lamentable plantón durante la pasada edición del Mad Cool Festival en Madrid, los británicos Massive Attack volvían a la capital con una gira que conmemoraba el 21 aniversario de su álbum más brillante: “Mezzanine”. No deja de ser paradójico que en aquella ocasión se quejasen de problemas de sonido y que ahora escogiesen para su regreso pelear contra la indómita acústica del Palacio de Vistalegre. No obstante, fue este el último escenario al que se subieron en Madrid ocho años antes. Entre las ganas y el morbo, la expectación era máxima. Esta vez no había excusas, y pese a que su actuación se retrasaba media hora en la que bromas y pitos nerviosos copaban un recinto a reventar, Massive Attack por fin complacían a su público y comenzaba su directo. Una vez metidos en faena, nada puede salir mal cuando tras empezar con una intro apabullante la calma llegaba con ‘I Found a Reason’, de la inmortal y deliciosa Velvet Underground. Trance psicodélico con el que empezaban a proyectarse sus siempre esperados visuales, parte indispensable de su show y que, centrados eminentemente en la cultura popular de los 90, recorrieron pasado y presente entre proclamas políticas. Sobreimpresionadas estas en numerosos idiomas pero mayoritariamente adaptadas al castellano, en la que sería la única concesión a su público más allá de un escueto “thank you” al finalizar.

Después de los precedentes y de la fama del grupo, ninguno de los presentes allí podía esperar grandes alardes comunicativos, pero sí un concierto sólido plagado de su mejor veneno. Esa mezcla que les hace únicos: rock británico, hip hop y electrónica, todo ello pasado por el tamiz de la oscuridad. Y eso es precisamente lo que ofrecieron. La nebulosa de ‘Risingson’ abría el camino del celebrado “Mezzanine” para romperse de golpe con el rock directo de ’10:15 Saturday Night’, versión de The Cure que llevaban a su terreno para bordarla. Turno entonces para volver al álbum homenajeado, cediendo primero la voz a Horace Andy en ‘Man Next Door’, y a la vitoreada Elizabeth Fraser después, quien nos maravillaba con su voz en la misteriosa ‘Black Milk’ justo antes de recibir la homónima ‘Mezzanine’. Sus llamamientos al despertar de una sociedad dormida brillaban especialmente con la magistral y tenebrosa revisión de Bauhaus, ‘Bela Lugosi’s Dead’, o los matices arábigos sobre los que Robert del Naja susurraba la letra de ‘Inertia Creeps’. Entre medias, los compases del jazz y el rap se daban la mano en la precisa ‘Exchange’, se daba paso al reggae algo salido de contexto de ‘See a Man’s Face’ y se disparaba una voz pregrabada para dirigir ‘Dissolved Girl’, mientras que la cantante de dicho tema aparecía en pantallas como si estuviese cantando a través de una webcam. Un experimento audiovisual que lograba su impacto y descolaba a los asistentes, haciendo que nos preguntásemos realmente de dónde venía esa voz. Una alegoría artística que una vez más valía a Massive Attack para elaborar su mensaje político.

Siempre amparados por un impresionante set de iluminación a la altura de los grandes espectáculos, los visuales de las pantallas de led se alternaban con una serie de lámparas que desde detrás emulaban pasajes urbanos o secuencias de destellos. De la misma manera, se conmutaban también sus dos baterías. Uno a cada lado del escenario. Uno más destinado a los efectos y otro a la pegada más limpia. Una unión que sacudía las canciones a menudo y que redoblaba sus esfuerzos en cañonazos como el arrebato punk de ‘Rockwork’, tema original de Ultravox. Un nombre que más allá del lugar donde se celebraba el concierto y su juego de palabras ultra-vox, criticaba precisamente a la política extremista en lo que resultó ser una coincidencia de lo más sugerente. Dándose también el testigo en el plano vocal, Robert del Naja y Daddy G cedían el micrófono a un Horace Andy que ponía letra a ‘Angel’ y a una Elizabeth Fraser que seguía meciéndonos a su antojo con la magia de ‘Teardrop’ y la definitiva ‘Group Four’, introducida por un sorprendente guiño al maltrecho dj Avicii y su archiconocida ‘Levels’. En un éxtasis de pegada, ruido y tenebrismo al más puro estilo Nine Inch Nails, los de Bristol se despedían de Madrid sellando su perdón con un concierto a la altura de su indudable talento.

Sobre el Autor

Luis Arteaga
Luis Arteaga

Todavía te debo una disculpa, no te devolví el cuchillo nunca.

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