Johnny Marr @ Sala But (Madrid) 21-11-2018

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Unido indisociablemente y para los restos de la posteridad a los nombres de Morrissey y los Smiths, Johnny Marr llegaba a Madrid por primera vez con su propio proyecto musical. Una carrera en la que lleva ya cinco años explorando, con mayor o menor acierto, nuevos caminos para esas melodías guitarreras que dieron forma a uno de los mejores y más influyentes grupos de rock melódico de los 80. Su legado es infinito, pasarán las décadas y seguirán apareciendo grupos influidos por su música, y aunque siempre que se hable de ellos, el tan déspota como genial Morrissey salga a la palestra como principal artífice de todo aquello, no hay que restarle méritos a esa forma de entender la melodía que Marr imprimió a un grupo que, a pesar de que terminó hace ya más treinta años, sigue siendo inimitable incluso por sus mismos protagonistas. Por separado, el repertorio de ambos es una auténtica minucia en comparación con la lírica de los Smiths, y aunque siendo justo, este símil tenga idéntico resultado con casi cualquier banda que se les equiparase, es imposible no acusarlo especialmente en sus directos. Pese a que en el último disco, “Call the Comet”, Johnny Marr encuentra la mejor versión de toda su discografía en solitario, firmando un álbum más que notable, sus trabajos anteriores resultan demasiado imprecisos, en busca de un sonido muy alejado de sus inicios que no termina por consolidarse.

Pero sin duda las tablas que aporta la experiencia, y las maneras y la pose de legítima rockstar, siguen muy presentes en el inglés, que asume con soltura y carisma el papel de frontman. Con un inicio solvente, ‘The Tracers’ marcaba la guía para demostrar poco después que lo de la mitología no es algo infundado: al segundo corte sonaba ‘Bigmouth Strikes Again’, con la que se desataba la locura en la sala y ponía las expectativas a una altura ya inalcanzable. Cuando pruebas el ibérico, no te cuelan un jamón serrano así como así. No obstante pasaron la difícil prueba temas de brillante atmósfera onírica como ‘Day In Day Out’ y sobre todo una ‘Hi Hello’ que parecía acercar a Marr a sus mejores esencias  justo antes de conectar con ‘The Headmaster Ritual’, que no terminó de tener el gancho previsto. Algo que sucedería más adelanta también con ‘Last Night I Dreamt That Somebody Loved Me’ o ‘How Soon Is Now?’. A pesar de sus cualidades y de no tener en absoluto un mal registro, la voz de Marr no puede competir con el aura de divismo y esa personalidad única que destila la de Morrissey. Si se decide, acertadamente, a tocar canciones de los Smiths en sus directos, tal vez debería elegir temas donde la guitarra cobrase más importancia, y no centrasen el protagonismo casi absoluto en las voces.

Intentando conectar con algunos de esos ritmos bailongos que siguen sin calar en el público, Marr se esforzaba por mantener la nave a flote, que volvía a remontar el vuelo con la contundencia rockera de esa ‘Hey Angel’ en la que desplegaba sus alas para devolver a la vida a un concierto que comenzaba ya a perderse en la linealidad. En directo, es una de esas canciones que pese a que aún no tiene el estatus que merece, con el tiempo terminará convirtiéndose en uno de sus indiscutibles hits. Tampoco pasó desapercibida esa ‘Rise’ con la que volvía de los camerinos para encarar un último tramo en el que, ahora sí, no dejaba nada al azar y apuntaba directo a la melancolía con ‘There Is a Light That Never Goes Out’. Un auténtico prodigio hecho canción que emana belleza y poesía en cada acorde, en cada palabra. Con todo ganado y el público definitivamente en el bolsillo tras revivir uno de los pasajes más gloriosos de la historia de la música británica, Marr se aferraba a los mandos de la nave del tiempo con la magistral ‘You Just Haven’t Earned It Yet, Baby’, con la que despedía una actuación irregular que acusó demasiado la brutal brecha entre su aceptable cancionero y ese monstruo ingobernable que él mismo contribuyó a engendrar hace ya más de treinta años.

Johnny Marr

Sobre el Autor

Luis Arteaga
Luis Arteaga

Todavía te debo una disculpa, no te devolví el cuchillo nunca.

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