GetMAD! Festival 2018 @ Sala But (Madrid)

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En sus tres años de vida, GetMAD! Festival se ha convertido en todo un caso de éxito para su extraño formato de conciertos por salas. Una intentona en la que ya cayeron varias promotoras pero en la que ellos parecen haber encontrado su sitio definitivamente. Prueba de ello fueron los sold outs registrados en varias salas y el alto número de entradas vendidas en el resto de recintos durante la edición de este año. Seguramente su cuidada y personal programación, muy alejada de las tendencias festivaleras más estivales, ha sido uno de los factores determinantes para su consolidación definitiva. También el hecho de haber sabido comprender a la perfección la esencia de la escena musical de Malasaña, activando circuitos musicales por algunas de las salas más emblemáticas de la ciudad.

En esta nueva edición, Get MAD! se descolgaba con una programación tan arriesgada como apabullante, que incluía a grupos como No Age, Jeff Rosenstock, Shannon and the Clams, Crippled Black Phoenix, The Undertones o Luna. Con tan solo dos días para ofrecer semejante cartel, la organización programó con doloroso acierto varios de los conciertos más esperados al mismo tiempo en distintas salas. Una decisión difícil pero eficaz si lo que se pretende es poder disfrutar de la música en directo sin aglomeraciones. Y al menos en lo que respecta a nuestro itinerario particular, esto fue una constante en todos los directos a los que pudimos asistir. Algo menos entendible resulta el hecho de que ciertos grupos no pudiesen ofrecer un set list de más de una hora. Francamente se queda corto cuando se pretende disfrutar de bandas tan icónicas como The Undertones o Luna. Y, sobre todo, visto desde fuera parece un mal bastante evitable, ya sea empezando antes los directos o acordando con los distintos recintos una hora más tardía de cierre, que por otra parte, es la habitual en muchas de estas salas durante todo el resto del año.

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En una difícil elección, optamos por quedarnos en la Sala But, donde se organizaban en estas dos jornadas algunos de los bolos más atractivos del festival. En nuestra hoja de ruta todo comenzaba el viernes, escuchando los últimos coletazos del enérgico directo de Art Brut, quienes preparaban la llegada de los siempre carismáticos The Undertones. La banda británica vivió desde los escenarios el nacimiento del punk inglés de los 70, donde los Sex Pistols y los Ramones acabaron transcendiendo aquella escena underground para llegar a todo el mundo y convertirse en fenómenos globales. The Undertones nunca llegaron a semejantes cotas de éxito y en 1983 ponían punto y aparte a su historia de excesos y frenesí punk. Una senda que, con otro temple pero con la misma fuerza, retomaban en 1999, ya con Paul McLoone al frente de la formación.

En su visita a la capital, The Undertones preparaban un recital que arrancaba repasando su primer disco de manera extensa, homenajeando así un trabajo que el próximo año cumplirá su cuarenta aniversario. Empezando por el principio, ‘Family Entertainment’ no tardaba en dar paso a una de sus canciones más brillantes y celebradas: ‘Here Comes the Summer’, poco empática con las depresiones postvacacionales pero tan vitalista y llena de prisa que en su poco más de un minuto de duración encendía la pista con los primeros puños en alto y unos tímidos pogos que encontrarían su máxima expresión en ‘Teenage Kicks’, exaltación absoluta del espíritu punk que caldeaba la sala. En la misma línea, y ya cubiertos de sudor, recibíamos el zarpazo de ‘Jimmy, Jimmy’.

Mientras que las guitarras siempre cortantes de los hermanos John y Damian O’Neill afilaban el cuchillo, el bajo de Michael Bradley y la bateria de Billy Doherty dirigían una sección rítmica que tan pronto presumía de pegada frenética como que dejaba en manos de McLoone las poses más glam. Variando garra y movimientos pélvicos a partes iguales, el frontman de los Undertones se convertía en el maestro de ceremonias absoluto. Finalmente se despedían con la cadencia imparable de ‘Get Over You’ mientras el público enloquecía una vez más sin parar de saltar envueltos en una maraña de brazos al aire. La urgencia y la intensidad de su repertorio hizo posible que pudieran hacer un repaso adecuado a su trayectoria, dejando exhaustos a todos los presentes pese al poco tiempo del que dispusieron.

Texto: Luis Arteaga

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Un día después nos acercabamos a la misma sala para disfrutar del eterno retorno de Luna. Desde que volvieron a la actividad hace unos años son ya tres las giras que les han traído a nuestro país y ninguna de ellas hemos desaprovechado. Venían precedidos en esta ocasión por Melange, que jugaban en casa y fueron arremolinando gente en las primeras filas, muchos de ellos seguramente sorprendidos por la particular y personal propuesta de los madrileños. Nadie ha dado respuesta en nuestro país al rock progresivo de los 70 como ellos. Desde King Crimson hasta Triana (a quienes casi podemos rozar con los dedos en algunas de sus composiciones), pasando por la más reciente ola de rock y blues tuareg, Melange han sabido canalizar las mejores esencias de todo ello para devolvernos un sonido contundente y lleno de recovecos. Con dos discos a sus espaldas, su propuesta resulta cada vez más sólida en directo y canciones como ‘La Cosecha’ y sus siderales teclados, el contundente apretón arábico de ‘Saquesufáh’ o la imprescindible ‘Solera’, que arranca con vocación de single y termina descolocando infieles con su ruidoso interludio instrumental, amplían sus ya de por sí disfrutables versiones de estudio. Poco importa que sus voces queden sumergidas bajo el manto instrumental, Melange en directo va de cerrar los ojos y dejarse llevar por su vaporosa psicodelia. Auténtica droga de ciencia ficción.

Tras ellos, y como es habitual, los propios Luna se encargaban de montar el escenario para su actuación, con el taciturno Dean Wareham y la siempre sonriente Britta Phillips reclamando todas las miradas. Junto a Sean Eden y Lee Wall forman los Luna actuales, seguramente la formación más cohesionada de la historia de la banda pero siempre con esa sensación de imprevisibilidad sobre sus cabezas. Nunca sabes cuál puede ser la gira final del grupo, nunca cuál su último disco y nunca cuándo verás por última vez a una de las bandas más especiales del planeta. Siempre consiguiendo tanto con tan poco, hacen de la sencillez virtud, y sus directos son otra prueba de ello. También imprevisibles en la confección de su setlist, esta vez tuvieron que condensar su carrera en poco más de una hora y tal vez por eso sonó tan pronto ‘23 Minutes in Brussels’, una de esas pocas canciones que nunca faltan en sus conciertos y que les permiten gustarse en su extendida parte instrumental. También hubo tiempo para ‘Malibu Love Nest’, esa joya minimalista de ritmo trotón que engrandece el legado de la Velvet, y canciones tan inesperadas como ‘Superfreaky Memories’ o su versión de ‘Bonnie and Clyde’, con Britta dando un paso al frente en las tareas vocales y Sean regalándonos los coros más surrealistas que he visto en mucho tiempo. Y todo esto nos habría sabido a poco de no ser por una recta final de concierto memorable, primero con una ‘Friendly Advice’ especialmente inspirada y después con dos versiones con las que cumplieron todos nuestros deseos. Tras dos giras esquivando sus conciertos en Madrid, la revisión del ‘Indian Summer’ de Beat Happening nos llegó al alma como solo lo hacen esas canciones a las que te une un vínculo especial. Con ella se despidieron para volver a salir al escenario y rescatar ‘Strange’, tema de los insuficientemente reivindicados Galaxie 500, primeriza banda de Dean y que fue a finales de los 80 el germen de Luna. Después de aquello por fin pudimos ir en paz.

Texto: Iván Díaz

GetMad! Festival 2018

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Luis Arteaga
Luis Arteaga

Todavía te debo una disculpa, no te devolví el cuchillo nunca.

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