Exquirla @ Sala Joy Eslava (Madrid) 16-11-2017

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El silencio sepulcral que se generó tras unos tímidos aplausos cuando Exquirla saltaban al escenario hacía presagiar que nos íbamos a enfrentar a algo especial. Como una ceremonia que rozaba el sacramento, el Niño de Elche proclamaba a los cuatro vientos los versos que abren “Para Quienes Aún Viven”, y lo hacía con “La Marcha de los 150.000.000” entre los dedos; el libro de Enrique Falcón en el que se basa esta musicada obra magna. Contraluces, el respeto del público y una cortante intensidad nos rodeaban ya desde esos primeros acordes. Lo que han conseguido Toundra aliándose con este cantaor visceral, que pervierte y destruye de la mejor manera posible los cánones del flamenco, es de una brillantez tan épica como misteriosa. Y no me cabe duda de que, esta obra que tomó la forma de un disco hace meses, no puede entenderse al completo sin presenciar su clarividente puesta en escena. Por ello creo que fue directamente el inconsciente el que nos llevó el pasado jueves a la Joy Eslava. Era la última oportunidad de cerrar el círculo, de entender eso que no acabábamos de entender, y, ahora sí, salir de allí como ungidos en un bautismo de sangre.

Las virtudes de Toundra sobre el escenario ya las conocíamos sobradamente. El grupo madrileño comenzó su carrera hace algo más de diez años y no muchos menos llevamos siguiendo su siempre ascendente trayectoria. Se convirtieron hace tiempo en una maquinaria de absoluta precisión pero lo que podría terminar convirtiéndose en algo previsible ha sido aquí cercenado por la hipnótica presencia de esa voz que en estudio se sumerge entre la instrumentación pero que en vivo da un paso al frente. Niño de Elche no canta sino que proclama, y parece hacerlo sin más esfuerzo que el de sacar su voz de las entrañas con innata facilidad. Siempre cortante y siempre trascendente nos clavó como agujas frases que creo que ya jamás podré olvidar.

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Con tan solo un disco editado fue el religioso repaso a éste lo que marcó el ritmo de un concierto en el que nos mecieron a su antojo. Desde los crescendos interminables de ‘Destruidnos Juntos’ hasta la aplastante intensidad de ‘Europa Muda’. Desde la inquietante experimentación de ‘El Grito del Padre’ hasta la delicia acústica de ‘Contigo’. Y, sobre todo, desde la contundencia de ‘Hijos de la Rabia’ y su apisonadora rítmica hasta ese culmen que es ‘Un Hombre’, tema de una perfección absoluta con un matemático desarrollo instrumental y una vomitona final de destructiva visceralidad. 

Un par de noches después Exquirla ponían fin a este primer capítulo de un proyecto al que seguro darán continuación en un futuro esperamos que no muy lejano. Sea como sea, la sensación de haber visto algo único nos la llevamos ya para siempre.

Texto: Iván Díaz
Fotografías: Luis Arteaga

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