Entrevista con Da Loma: "Cuando tus referentes son los Jesus, los Ramones o la Velvet la música no tiene nada que ver con la perfección sino con el aspecto humano"

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"Proyectarse hacia el éxito no es la actitud correcta ante la música, porque nunca te va a llevar a disfrutar de ella" (David López, Da Loma)

Después de más de quince años al frente de Limbo Starr, uno de los sellos independientes con más personalidad de nuestro país, y otros tantos trabajando en el mundo de la música, David López ha soltado todo lo que llevaba dentro a través de canciones. El debut discográfico de Da Loma se llama "El Espejo" y, como os contábamos en nuestra reseña del álbum, adentrarse en él supone "un viaje tan apasionante como enigmático". Para intentar desvelar sus misterios mantuvimos una extensa charla con David, siempre amable, siempre agradecido y ahora más que nunca ilusionado. Aquí tenéis el resultado.

En 2016 publicamos el reportaje sobre Limbo Starr. Durante aquella entrevista ya nos hablaste de que tenías algunas canciones propias, aunque más orientadas a la electrónica.

Sí, ahí estaba muy metido con la electrónica y esto me vino muy bien para algunos aspectos del disco. Fue una época en la que estaba un poco harta de los cantautores y la gente con su guitarra contando sus historias. Luego ya ves, yo he acabado contando las mías (risas). Pero bueno, he intentado que fuera un poco genérico; partir de lo individual para que llegara a lo colectivo. La electrónica me vino muy bien para el uso de los sintetizadores, las texturas…

¿Y cómo pasaste de aquello a estas canciones, esencialmente rockeras?

Pues al ordenarlas y hacer estructuras me di cuenta de que eran muy clásicas, de pop rock. También porque quería ponerle letras. De pronto pensé que tenía cosas que me apetecía contar.

En la nota de prensa del disco cuentas que llevas muchos años haciendo maquetas, grabando ideas… ¿Por qué no habías dado el paso hasta ahora?

El otro día me encontré con una casette del 2000, que de hecho subí la foto a Instagram, y ya lo llamaba Da Loma. Siempre tuve la guitarra cerca y la idea de grabar cosas pero la falta de tiempo me llevaba a dejarlas algo inconclusas. Luego en 2005, cada vez más interesado por la producción y el aspecto técnico de los discos, me monté el estudio en casa y seguí grabando cosas y diez años después, en 2015, ya me puse a ordenarlo, y me encontré con cosas que molaban mucho.

Imagino que te apoyarías en alguien a quien le irías enseñando canciones y que te animó a seguir con ello.

Sí, sobre todo a Carmen, mi mujer, que es quien me sufría en casa, escuchándome a las cuatro de la mañana repetir la misma frase (risas). Luego ya llegó un momento en que las ideas iban cogiendo forma y era necesario enseñárselas a los músicos más cercanos, porque siempre necesitas esa visión externa. Tiré de los más allegados, de Israel Medina, de Half Foot Outside y Reina Republicana, de Edu Ugarte, también de Half Foot… De hecho pensé en subirme al País Vasco y grabarlo allí como banda.

Es cierto, una de las veces que coincidimos por aquellos años me lo comentaste, que estabas pensando en subirte a grabar con ellos.

Claro, con Hans Kruger, que también controla mucho de electrónica. Siempre flipé con lo que grabó con Delorean y además es un tío muy majo. Lo que pasa es que en ese momento tampoco tenía intención de montar una banda de rock y la lejanía y demás me acabó echando para atrás. Más adelante se lo enseñe a Roberto Berlanga, de Ornamento y Delito, y me dijo "pero tío, si ya lo tienes hecho, no te vuelvas loco", y eso me dio alas para terminarlo. Eso sí, nos metimos a mezclarlo y aquello fue super duro. Ahora es cuando lo estoy empezando a disfrutar pero el proceso fue duro: madrugar, trasnochar, sacar tiempo de donde no lo había…  Al final la idea fue preservar el ambiente y la chispa de lo que teníamos. Habría sido muy tentador regrabar todo pero mi experiencia profesional al otro lado me dice que no, que ahí no radica el plus en los discos, sino que está en que tengan ese ambiente. Ahí tienes el primer disco de la Velvet, los Jesus and Mary Chain, Daniel Johnston… Ahora escuchas mogollón de grupos que tocan de puta madre y que graban de puta madre pero dices “aquí me falta alma”. Cómo digo en una de las canciones, son grupos que se forman para proyectarse hacia el éxito y esa creo que no es la actitud correcta ante la música, porque nunca te va a llevar a disfrutar de ella.

No me queda claro viendo los créditos del disco, pero me da la sensación de que has grabado tú todos los instrumentos.

Todos (risas). Las baterías son programadas, pero llevan un curro muy interesante.

Me imaginaba que eran programadas pero suenan muy naturales, la verdad.

Ese era el objetivo, que pareciera una banda tocando. Y sí, todo lo demás está tocado por mí pero realmente no me considero un músico y todo está tocado con mi pericia y con naturalidad (risas). Tampoco se trata de hacer las cosas perfectas sino más bien sinceras, con el corazón. Cuando tus referentes son los Jesus, los Ramones, la Velvet… eso no tiene nada que ver con la perfección, tiene que ver con el aspecto humano.

¿Hay algo en este disco que hayas delegado aunque solo sea por quitártelo de la cabeza? Porque tiene que ser una auténtica locura. Grabación, producción, edición…

La mezcla, porque llega un momento en el que dices “solo no puedes, con amigos sí”. La hice con Rober y él tiene muchísimo punto y una manera de trabajar la música muy sentida, teniendo en cuenta aspectos técnicos pero siempre utilizando un lenguaje y una forma de hacer que a mi es lo que me interesa. También el diseño, que estoy encantado con lo que ha hecho Carmen.

Al final sí que acabaste formando una banda, con Roberto, Mikel Sagüés (Purr, Green Bananas) y David Talbaila (Ornamento y Delito). Debutasteis en directo hace poco, en Siroco, junto a Edredón. ¿Cómo fueron las primeras impresiones?

Impresionante. Llevas tanto tiempo en tensión y luego el concierto es solo un ratito, te bajas y lo único que quieres es volverte a subir.

La intención es tirar adelante con ello como banda ¿no?

Claro, y lo que surja, todo con mucha naturalidad.

Yendo a las letras, vuelcas en ellas mucho de ti ¿te han servido para liberar algunas frustraciones de cosas que has vivido todos estos años en la industria de la música?

Hay mucho de eso entre líneas, claro. En la reseña disteis en el clavo en todo, especialmente con la metáfora del chatarrero, porque para mí es una palabra fetiche. Con Kebrantas, mi primer grupo, ya hicimos un tema que era “Corazón Chatarra” y es una palabra que significa mucho para mí. Al fin y al cabo lo que hacemos es cómo manipular chatarra, es coger un montón de influencias que de alguna manera les das forma y acaban sirviéndote. Esas cosas que entran en ti de una manera inconsciente. Además, lo de chatarrero sí es un poco consciente incluso, porque sabéis donde vivo y allí pasan muchos chatarreros que me jodieron un montón de tomas, sobre todo de voz. Al final llegó un punto que dije mira, si tienes que aparecer vas a aparecer (risas).

Con las letras también la idea general era ser muy sincero. Me llevaron muchísimo tiempo, aunque alguna salió más del tirón, como ‘Del Revés’, porque en esta ejercía más como observador, mostrando en tercera persona un panorama de cómo están todas esas cosas que nos sirven para entretenernos pero que ninguna nos va a dar la felicidad plena. Las demás son super sentidas, cosas que me han pasado y que he vivido, pero siempre intenté huir de contarle mi vida a nadie, sino más bien buscar los puntos en común. Esa es la clave, porque a todos nos pasan al final las mismas cosas, sobre todo en las relaciones interpersonales. Sentí que necesitaba soltarlas y ya no tengo ningún rencor a nadie, de hecho en la primera canción lo digo, pero que sepáis que algunos lo habéis hecho muy mal conmigo (risas).

El disco se llama “El Espejo” y es un término que se repite en las letras hasta el punto de pedir disculpas por ello (risas).

Ahí es cuando fui consciente de que lo había usado ya cuarenta millones de veces (risas). Me parece una bonita metáfora, la idea del espejo no como algo físico sino hacia dentro, la propia conciencia de uno mismo. Si todos en cada aspecto de nuestra vida diéramos lo mejor de nosotros mismos el mundo sería el puto paraíso que dice la Biblia que es la tierra.

¿Las letras fueron lo último que hiciste?

Para este disco más o menos sí, pero para el siguiente me gustaría que el proceso fuera diametralmente distinto: coger el sonido de la banda que estamos consiguiendo, entrar al estudio y salir casi con el disco hecho. Así que ahora según voy tocando cosas van saliendo las letras. Para “El Espejo” sí que fue pensar cada palabra y cada letra sobre una base. Cuando escucho el disco de Kebrantas me suena ultrafresco, pero lo hacíamos sin pensar en nadie. Ahora en cambio sí he sentido mucha responsabilidad, que tenía que honrar, de alguna manera, todo el bagaje artístico que he vivido. Por eso sí he tenido muy en cuenta esos aspectos: la musicalidad, la cadencia, la rima…

Se nota que la manera de cantarlo está muy trabajado.

Es que en eso siempre he insistido mucho a los grupos, porque no somos gramolas, no podemos cantar de igual manera una frase de amor que una de odio. Cada cosa que digas tiene que salir de lo más profundo de ti y si no pues no lo digas, vete al cine (risas).

¿Has notado que te haya influenciado alguna banda de las que has trabajado durante estos años con el sello en tus canciones?

Bueno, influenciado no, porque he pensado en ello y creo que las influencias te llegan en la adolescencia o post adolescencia, esas cosas que te llegan de una manera muy intensa.

Más bien sería entonces que compartes referentes con ellos.

Eso es, los referentes son los mismos. Por ejemplo con Él Mató pues los Ramones, Lou Reed… lo fundamental es Lou Reed (risas). Reed es la esencia de todo esto y desde ahí esa línea que parte hacia Pavement, Pixies, The Fall… Ahí está todo. Para mí Lou Reed es lo máximo de lo máximo. Él y Fernando Alfaro, que es el único maestro que reconozco en todo esto. Fue el primero que tradujo de alguna manera aquella influencia de la Velvet, de Leonard Cohen, del propio Lou Reed, incluso de Nick Cave. Hasta ese momento en el pop español había algún letrista más notable pero yo no llegué a conectar con nadie hasta que escuché a Surfin Bichos. Era super fan de La Polla Records pero ahí no había metáfora posible (risas). Lo de Fernando fue un absoluto shock. Hay gente que utiliza la palabra "maestro" de una manera muy banal. Oigo un montón de gente que dice "el maestro Bob Dylan". Huye de esos, son los más peligrosos (risas). Alfaro es el auténtico maestro. ¡No te mueras nunca Fernando! 

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‘De Madrid al Suelo’ me recordó desde el principio a Pavement, sobre todo en la manera de cantarla.

Joder es que Pavement lo llevo en el ADN. Estoy muy contento con esa canción porque otra de las cosas que me flipa es que escuchas la música de Lou Reed y sabes que es neoyorquino, no hay ninguna duda, sus letras huelen al Nueva York de los 70, al peligro… Por eso creo que tienes que hablar de lo que conoces en tus canciones y con ‘De Madrid al Suelo’ es lo que busco, coger ese rock de urbe y darle un rollo espacial, como comentabais en la crítica, llevarlo hacia Spaceman3 o Spiritualized. Esa era mi intención, aún con una estructura de rock clásico, y estoy muy contento con como ha quedado.

¿Y cómo ves Madrid a día de hoy? ¿Ha cambiado con los años?

Pues es una pregunta que me hago mucho y realmente creo que no ha cambiado nada. Ha cambiado el ornamento y dónde antes había un Disco Play ahora hay una sala de conciertos que mañana pasará a llamarse Marco Aldani (risas). Ha cambiado la pintura de los bares y el Bernabéu mañana tendrá techo pero lo esencial no ha cambiado nada. La gente con pasta sigue teniendo pasta y sus hijos serán los que la hereden y el proletario seguirá buscándose la vida. 

¿Y a nivel musical? ¿La manera de funcionar sigue siendo la misma?

Bueno… la manera de funcionar sí que ha cambiado. Antes ver a un grupo internacional era todo un acontecimiento pero ahora que vengan en un vuelo es para ellos como coger un metro. Se ha estrechado mucho más el asunto, es complicado conseguir fechas y si quieres tocar en un sitio tienes que ir con la pasta por delante. Se va estrechando el margen para el romanticismo pero por eso es mucho más romántico el pequeño espacio que te queda y la satisfacción es mayor.

Volviendo al disco, también se nota mucho toda esa influencia de los 90 en el sentido de que, aunque haya sintetizadores o acústicas, siempre hay distorsión y ruido por todo el álbum

Es fundamental, incluso el ruido de la calle. No nos damos cuenta pero en Madrid estamos constantemente con un nivel de ruido brutal y eso a mí me flipa. Sonic Youth en ese sentido son también para mí fundamentales. Ahora mismo estoy escuchando de fondo una cafetera y es que me flipa (risas).

Otra cosa que parece muy trabajada es el orden de las canciones, con ‘Nunca Más’ funcionando casi como interludio melódico.

Pues ahora que la mencionas y volviendo a las influencias, en ‘Nunca más’ sí que hay una influencia directa de Nacho Vegas en la técnica, porque utilizo un arpegio que él me enseñó. Cada vez que la toco me recuerda a él. Y en cuanto al orden, lo pensé y repensé, sí. De alguna manera empiezo con ‘El Espejo’, que termina diciendo “vámonos de aquí”, pero al final del disco, en ‘El Libro de Estilo’ digo que no podemos escapar.

También habéis trabajado mucho la parte visual, estrenando un videoclip para cada uno de los tres adelantos del disco.

Y tenemos ya un cuarto listo. De hecho, la idea es sacar uno para cada canción. Yo nunca fui muy fan de los videoclips. Mis dos favoritos de la historia son ‘Loudmouth’, de los Ramones, que son ellos tocando con un telón de fondo y en el que se veía la esencia del grupo, que es lo que me flipa, y ‘Love Will Tear us Apar’ de Joy Division, que lo mismo, son ellos en una nave tocando. No me interesa que el vídeo condicione la idea que yo tengo de una canción mediante imágenes. Pero bueno, la idea de hacerlos es intentar mantener vivo el disco y que sea escuchado porque creo que es un buen soporte para que la gente pueda escuchar la canción. Los está haciendo Diego Olmo, que es quién nos hizo el documental de los diez años del sello, y tiene carta blanca para hacer lo que quiera. Nos estuvo grabando en Siroco y hemos metido imágenes de aquello en varios y ya os digo, la idea es hacer uno por canción. También con esto me viene a la mente el “Goo” de Sonic Youth, que tiene un vídeo para cada tema y recuerdo cuando aquello cayó en mis manos, que fue cómo ampliar el universo sónico del disco para mí.

Hace ya mucho tiempo de tus comienzos con Kebrantas pero ¿reconoces también algo de aquello en Da Loma?

Sí, me reconozco mucho. Eso era más anárquico, más salvaje y un poco críptico (risas). Pero bueno, a día de hoy lo recuerdo y me gusta porque creo que tenía frescura y también porque cantábamos en castellano en una época en la que se estaba cantando mucho en inglés. Sin duda me siento orgulloso de aquello.

Escapando del ruido y yendo a lo esencial de las canciones, ¿te ves tocándolas en acústico tú solo?

El primer concierto que hice fui yo solo, con las bases. Fue duro de cojones (risas). Pero bueno, me sirvió para mucho.

De momento, las próximas fechas de conciertos son con la banda.

Sí, presentamos el disco aquí en Madrid el 8 de junio con Basurita, que son increíbles. Es el grupo de Santi, de El Inquilino Comunista, con gente de Los Clavos, de Cancer Moon, de todo el rollo Getxo de los 90. Para mí es un sueño tocar con ellos porque son un grupazo, parecen de Albacete a veces (risas). Tocamos con ellos el 17 de mayo en Bilbao y luego aquí en el Maravillas. Y entre medias vamos a Mallorca con Camellos, el día 31 de mayo.

Entrevista con Da Loma

Texto: Iván Díaz
Fotografías: Luis Arteaga

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