Bob Dylan @ Palacio de los Deportes (Madrid) 06-07-2015

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Avanzada ya la última gira europea de Bob Dylan a pocos les pillará de sorpresa que el poeta norteamericano no tocase ayer sus grandes himnos, más aún cuando lleva el mismo set list inamovible en todos sus conciertos de este Never Ending Tour. Sumado a los rumores y la mitología que recaen sobre su figura y su actitud en los escenarios, lo que parecía claro antes de su actuación es que no nos ofrecería el típico concierto para contentar a una audiencia masiva. Bob Dylan con ese aura que irradia magnetismo y divismo a partes iguales se empeñó más bien en defender un repertorio basado en su penúltimo trabajo, "Tempest", un disco que sin negar su gran calidad compositiva parece evidente que no tiene ni la inmediatez ni la frescura de sus grandes éxitos, y que se trata más bien de un manjar que requiere una digestión concienzuda y pesada antes de echarlo a nadar en la piscina del directo.

Unido a la complejidad de su repertorio no apto para todos los públicos, un factor que a mi juicio es perfectamente respetable, hay que unir el hecho de que la edad y los achaques evidencian en Bob Dylan un castigo desmesurado. Su voz, que antaño fue emotiva como pocas sin haber sido jamás impresionante, suena ahora apagada y ronca, monótona y absolutamente plana, acorde al ritmo que imprimió a un concierto que parecía más bien un ensayo de música de cámara. Pese a que el ambiente teatral y la iluminación del escenario trataban de involucrar a la perfección al espectador, tampoco ayudó el hecho de que desde la organización se prohibió absolutamente todo en el patio de butacas. Un régimen casi militar que no obstante no dudó en ningún momento en convertir todo aquello en una especie de mercadillo ambulante por el que desfilaban con paso marcial un auténtico regimiento de vendedores de bebida, pizzeros (sí, sí, ha leído bien, pizzeros) y cientos de miembros de seguridad que escudriñaban con la vista cada rincón para impedir que el público pudiese ni tan siquiera hacer una foto con el móvil. Hecho bastante desagradable dado el precio de las entradas. En cualquier caso y volviendo a lo meramente musical, fue obvio que ver todo aquel circo a contraluz no ayudó mucho a la inmersión en un directo que ya de por sí no intentó involucrar a los espectadores en ningún momento.

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La desidia del divo quedo patente cuando tras poco más de media hora una voz por megafonía indicaba que se hacía una pausa de veinte minutos y que después se retomaría el concierto, algo que no fue accidental sino que forma parte del espectáculo. Sin ni un solo gesto hacia su público, la parafernalia teatral de un artista que cree estar por encima del bien y del mal quedó profundamente descafeinada y más cercana a un espectáculo dantesco que al recital de una leyenda viva como él. No obstante ante un coloso de la talla de Dylan es difícil no llevarte algo bueno, momentos que pasaron indispensablemente por mirar atrás en el tiempo y rememorar dos de los temas más brillantes de "Blood on the Tracks": 'Tangled Up in Blue ' y 'Simple Twist of Fate', que dieron algo de aliento a un público que quiso soñar hasta el final estar viendo al Bob Dylan que compuso himnos atemporales como 'Blowin in the Wind', el cual tocó casi por obligación tras el bis y que sonó al piano totalmente deformado pero eso sí, adaptado a la perfección a la sobriedad sonora que propuso durante todo el concierto. Mención aparte para la versión de Frank Sinatra del tema 'Full Moon and Empty Arms', tal vez el momento más mágico de todo el concierto.

Sin interacción con el público, sin sus canciones más coreadas y sin voz, Dylan recurrió a la armónica en varios momentos en los que más de uno cerramos los ojos y pudimos por fin sentirnos un poco más en paz con nosotros mismos. Y así, como una especie de holograma decepcionante, Bob Dylan se retiró del escenario igual que entró, absolutamente impasible y sin dedicar ni una sola palabra a su audiencia.

Afortunadamente la velada contó también con Los Lobos, que ejercieron de teloneros de Bob Dylan y se convirtieron por méritos propios en la gran actuación de la noche. Tirando de oficio y con un repertorio cargado de cumbia, sonidos mariachis y mucho rock, Los Lobos sí sabían lo que el público quería oír y pronto se arrancaron con dos versiones de temas clásicos como 'Volver, Voler' o 'La Bamba'. Minutos antes ya habían puesto a bailar al público de las butacas tirando de su cosecha propia con canciones como la magistral 'Chuco's Cumbia' o 'Venganza', una fiesta que no obstante no dudó en truncar la organización.

Parece ser que no interesaba que Los Lobos destacarán demasiado y eso pronto quedó patente al ponerles una iluminación más propia de la orquesta del pueblo que de un grupo de su categoría, así como contar con un sonido denso y reververante que destrozó gran parte de su repertorio, un sonido que por supuesto se afinó ante la salida de Bob Dylan. Pero aún hubo más, y es que a varias personas se les prohibió bailar la cumbia de Los Lobos porque dificultaban la visión al resto de lo espectadores. Exiliados y como poseídos por la irrefrenable llamada al baile, podía vérseles cual apestados en las esquinas de la pista bailando sin descanso totalmente hechizados en una especie de rito primitivo. Sin duda una buena prueba de que a veces lo más mundano es lo que deja el sabor más sobrenatural.

Sobre el Autor

Luis Arteaga
Luis Arteaga

Todavía te debo una disculpa, no te devolví el cuchillo nunca.

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2 Comments

  1. José 08/07/2015 at 9:16 am

    El concierto de Dylan era para haber sido en un lugar más pequeño... un teatro, por ejemplo.. Al haber sido en el palacio de deportes, lo que deberían haber puesto en funcionamiento eran las pantallas de vídeo. Al no hacerlo, Dylan ha excluido del concierto a la mayoría de los espectadores que estábamos a cierta distancia, y consecuentemente, hemos disfrutado poco. Su frialdad con la gente viene ya de largo. Lo veo más como una pose, parte del personaje, pero lo veo como algo artificial. Es un icono de la música, pero me gustan más los músicos más sociables con su público. La actuación de Los Lobos muy buena. Espero verles en un recinto más pequeño para disfrutar. El recinto casi vacío y todo el mundo sentado, creó un ambiente excesivamente frio para el tipo de música que hacen. En general, no me ha gustado nada el formato del evento, que ha provocado el poco disfrute de la música de ambas bandas.

    • Everlong Magazine
      Everlong Magazine 09/07/2015 at 11:59 am

      Agradecemos mucho tu comentario José, plasma muy bien el sentimiento generalizado de todos los que estuvimos allí. Gracias por leernos!

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