Amen Dunes @ Sala Copérnico (Madrid) 25-09-2018

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Con el sonido de unas campanas en bucle, que a más de un asistente se le hicieron más largas que una misa vaticana, se anunciaba el comienzo de la liturgia de Amen Dunes en Madrid. Los norteamericanos llegaban a la capital para dar por zanjada una gira que se prolongaba ya más de seis meses, tal y como anunciaba el propio Damon McMahon. Un periodo glorioso en el que han acabado por consolidarse gracias, entre otras cosas, a la edición este mismo año de “Freedom”. Su quinta referencia de estudio llegaba cuatro años después de la anterior y nuevamente volvía a poner a la crítica en pie con el que es sin duda es el mejor álbum de toda su carrera. Un trabajo en el que consiguen condensar sus mejores esencias y que con total seguridad terminarán el año en todas las listas de los mejores discos de música independiente. Las guitarras vuelven a presidir este nuevo repertorio de melodías en el que Amen Dunes se centró prácticamente en exclusiva en su concierto en la sala Copérnico.

Amen Dunes viven el presente. Tanto es así que solo concedieron tres canciones fuera de este nuevo LP y dos de ellas fueron de su anterior disco “Love”. De él rescataban la magistral y envolvente ‘Lonely Richard’, que con su toque de folk onírico nos conquistó desde los primeros acordes y la también atmosférica ‘Splits Are Parted’. Como última licencia fuera de la presentación de sus últimas canciones, se permitieron tocar la versión de Tim Buckley, ‘Song to the Siren’, uno de esos temas incorporados ya totalmente a su discografía. Empezando a repasar su reciente “Fredoom”, McMahon abría la ceremonia con la tranquila ‘Satudarah’ para regalarnos poco después una de las mayores joyas de este nuevo repertorio, esa ‘Blue Rose’ donde el bajo y la cadencia sedosa pero imparable guían una melodía desértica que sienta mejor que echar un trago en el único oasis en kilómetros. Desde ahí abrazaban el sonido más britpop con ‘Skipping School’. De ritmo más stoniano nos repartían la negrura de su ‘Dracula’ mientras que ‘Fredoom’ mecía la pista con su suave vaivén. Pero para terminar de creer, se despedían a camerinos con esa ‘Believe’ con la que bien podrían haber cerrado el concierto. Con ella en nuestros oídos pudimos viajar de vuelta a su Nueva York natal, unos 50 años atrás, donde un tipo llamado Lou Reed y la inigualable Velvet Underground marcaban un punto y aparte en la historia de la música. Ganando en intensidad, y con la luminosa voz de McMahon sobre las cuerdas siempre finas de Steve Marion, nos arropaban con su ensoñadora túnica melódica.

De vuelta a las tablas y dando gracias a todos, sin olvidarse de los técnicos, llegaba el tiempo de la tímida ‘Time’, tras la que, no obstante, recuperaban el tono gracias al funk que soporta el ritmazo imparable de ‘Miki Dora’. Con sus últimos coletazos se marchaban definitivamente y, visiblemente cansados, ponían fin a una gira de consagración que les eleva al lugar que merecen en la música actual.

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Luis Arteaga
Luis Arteaga

Todavía te debo una disculpa, no te devolví el cuchillo nunca.

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