[Actualidad] Toundra – “IV” (2015)

reseña nuevo disco toundraCada vez es más habitual encontrar en nuestro país buenas bandas que se permiten prescindir de un cantante al frente. El rock instrumental se encuentra en un espléndido momento de forma y si hay un grupo que puede considerarse ejemplo a seguir y en el que la presencia de voz resulta totalmente innecesaria ese es Toundra. Seguramente no sea yo el único que así lo considera y por eso su popularidad está subiendo como la espuma, llevándoles de Aloud Music a Superball (filial de un sello internacional como Century Media) y haciéndoles llenar salas como Joy Eslava o Apolo sin ningún tipo de concesión, ni en su música ni en la forma de hacer las cosas.

En “IV” han vuelto a trabajar con habituales como Carlos Santos o Santi García para la producción, o con Chelsea Greene Lewyth, que ya trabajó con ellos en “III”, para el espectacular diseño de portada. Y en sus canciones volvemos a encontrar intensidad, épica, constantes vaivenes, melodía, ruidosos acoples, agresividad, delicadeza y muchos sentimientos. Ocho canciones que rozan la hora de duración y que nos vuelven a impulsar por un tobogán de emociones.

Ya en el inicio, con ‘Strelka’, encontramos los ingredientes que han condimentado los últimos pasos del grupo. Su pausado inicio, con una rítmica batería, va dando pie al crescendo que dirigen las guitarras de Esteban y Macón, que debuta aquí con el grupo en el estudio. Un aumento de intensidad tan sutil que, cuando te quieres dar cuenta ya te ha rodeado y te tiene contra las cuerdas. Con tan solo un tema han conseguido que entres irremediablemente en su mundo de lobos y la hipnótica linealidad de ‘Qarqom’, con su aplastante base rítmica, no te deja escapar. Ésta se une al afónico grito sordo de ‘Lluvia’, un inquietante parón que desemboca en ‘Belenos’, entrando a matar desde el primer segundo para ir difuminándose hasta dar paso a la calidez de ‘Viesca’, en la que cuerdas y vientos se arremolinan en una danza perfecta al son de las acústicas. Una grata y luminosa sorpresa en mitad de un álbum que retoma rápidamente la oscuridad con la dolorosa ‘Kitsune’, con las guitarras afiladas de nuevo y el rodillo rítmico en marcha. Tras ésta, ‘MRWING’ funciona casi como ligero interludio para dar paso a ‘Oro Rojo’, que cierra el trabajo y un circulo perfecto que podría reiniciarse volviendo a ‘Strelka’.

“IV” es un disco continuista pero con matices, con ciertas teclas tocadas de diferente manera y el afán constante del grupo por superarse a cada nuevo paso implícito. Lo mejor es que siempre lo consiguen.

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