[Actualidad] Spiritualized – “And Nothing Hurt” (2018)

reseña nuevo disco spiritualized and nothing hurtComo tantas veces ocurre, la portada y las fotos que ilustran el libreto de un disco nos dicen mucho de lo que nos podemos encontrar en su interior. En el caso que nos toca, un Jason Pierce vestido de cosmonauta parece mostrarse como el único hombre en la tierra en la que, según sus propias palabras, es la obra última y definitiva de Spiritualized. Tras un proceso creativo tortuoso y lleno de contratiempos aquí está “And Nothing Hurt”, disco de paradójico título y que trae al presente a los mejores Spiritualized, desde los más rockeros de aquel latigazo inmediato post Spaceman 3 que fue “Lazer Guided Memories” hasta los más orquestales, grandilocuentes y, por qué no decirlo, más inspirados de “Ladies and Gentleman…”, obra capital publicada hace algo más de 20 años y que Pierce no había logrado superar, tal vez hasta ahora. “And Nothing Hurt” se intuye desde las primeras escuchas como un disco mayúsculo, y termina convirtiéndose tras sucesivas escuchas en una obra maestra, una que bien valdría una retirada a lo grande.

Arrancando con el minimalismo por delante, como si de una nana se tratase, ‘A Perfect Miracle’ crece a cada segundo añadiendo capas de coros, vientos y cuerdas llenas de espiritualidad. Nadie como Pierce sabe combinar tantos elementos sin pecar de sobrecargado y aquí vuelve a dejarlo claro. Tras ella, ‘I’m Your Man’ y ‘Here it Comes (The Road) Let’s Go’ protagonizan el momento más potente del álbum, ese que te obliga a subirte a su nave o lanzarte de ella para siempre. Con la primera consigue llevar una estructura de rock clásico a su terreno, convirtiéndola en una tonada espacial que nos invita a flotar por el espacio con sus vientos y el punteo más sideral. En la segunda deja de lado la seriedad para mecernos entre coros celestiales, siempre cercanos al gospel, y ese sintetizador que, sin darnos cuenta, llevaba todo el tema estremeciéndonos y que acaba bailando bajo la luna con la trompeta final. No deja de lado la emotividad en el siguiente capítulo, un ‘Let’s Dance’ de brillante juego de voces y crescendo instrumental, con pequeño guiño a los imprescindibles Big Star incluido. Y cierra esta impecable primera mitad de disco ‘On the Sunshine’, tema que arranca con un simpático y ágil órgano que rápidamente otorga el protagonismo a las guitarras en un desenfrenado viaje en el que el noise más puro y el free jazz se acaban dando la mano. Cinco minutos exactos de frenética necesidad rockera a los que dan réplica en el siguiente capítulo.

‘Damaged’ abre así la segunda cara del disco aludiendo de nuevo al rock más clásico, con Pierce casi vestido de crooner, con unas guitarras casi blues, con un punteo casi de guitar hero pero con todo sonando más que nunca a Spiritualized. Elegancia en su estado más puro antes de recuperar el nervio en ‘The Morning After’, frenética historia de locura adolescente que despanchan en tres minutos y que llevan hasta la extenuación en un desarrollo instrumental de otros tres en el cual los vientos y las guitarras entran en conflicto casi bélico. Tras semejante avalancha, pone la más que necesaria calma ‘The Prize’, preciosista balada en la que Pierce se disfraza de un Sinatra moderno mientras se pregunta si el amor es el camino, y la definitiva ‘Sail on Through’, perfecto final, melódico y marciano, con el código morse que ilustra la portada diciéndonos adiós, tal vez para siempre.

Sea como sea hora mismo solo tengo dos cosas claras en la vida, y una de ellas es que “And Nothing Hurt” no solo es para mí el disco del año, sino una obra eterna e imperecedera que me acompañará siempre.

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