[Actualidad] Mucho – “¿Hay Alguien en Casa?” (2019)

mucho hay alguien en casa critica discoMucho surgían a principios de la década tras la desaparición de The Sunday Drivers y en 2011 y 2013 publicaban dos discos de convencional pero brillante pop rock. Siempre con una personalidad propia, el grupo se alejaba del estancamiento musical y en 2016 publicaba “Pidiendo en las Puertas del Infierno”, un álbum en el que expandía su sonido acercándose descaradamente a terrenos electrónicos y con el que no tengo del todo claro si llegaron a conectar con su anterior audiencia. A pesar de ser un disco interesante la sensación era que se quedaba en medio de algo. Visto ahora con perspectiva, tal vez ese algo era el camino que les ha llevado a publicar “¿Hay Alguien en Casa?”. El cuarto disco de Mucho es una obra compacta dirigida enteramente por Martí Perarnau y cuyo esqueleto fue creado en la soledad de su casa, con ordenadores y sintetizadores. Tras ello, unas visitas a La Casa Murada y la acertada decisión de rodearse de músicos como Ricky Falkner, Xavi Molero o Santos Berrocal para la grabación de la parte más analógica terminaron de redondear una obra que trasciende y que te va conquistando más y más a cada escucha.

Las diez canciones que forman el disco suponen un viaje con principio y final por las vicisitudes de la noche, entrelazándose entre ellas a modo de una sesión de música continua y con los sonidos digitales y analógicos dándose constantemente de la mano. Es interesante ver cómo, a pesar de ser la electrónica la clara protagonista, no es difícil reconocer la esencia de los primeros y más rockeros Mucho. Siguen presentes aquí esas brillantes melodías y lo que cambia es el envoltorio, como podemos comprobar en la pegadiza ‘El Enemigo Ahora Vive en Todos Nosotros’ o una ‘Ahí te Quedas, Perarnau’ en la que se asoman las guitarras discretamente.

Pero sin duda es en canciones como ‘Nunca Pegarías a un Hombre con Gafas’ donde nos atrapan de verdad a base de oscuridad, beats y una letra que no deja títere con cabeza, demostrando que la electrónica también puede ser reivindicativa. Declaración absoluta de intenciones e ideales a la que volverán más adelante con el frenético reparto de mierda para todos que es ‘Putochinomaricón’. También inspiradísimos están en la vaporosa ‘Soy un Aeropuerto’, que bañada de teclados y vientos nos sumerge en una deliciosa bruma sonora que desemboca a la perfección en el subidón que provoca ‘¿Hay Alguien en Casa, McFly?’. Con ella nos ponen a bailar a base de un sonido disco ochentero de guitarras sintetizadas con olor a funk y un vocoder que demuestra lo interesante que resulta este aparato si se usa correctamente. Tras ella, ‘Las Ventanas se Encienden’ nos remite a los New Order más amables. Pop electrónico de quilates en constante vaivén para acercarnos a un final de viaje en el que destaca la marciana ‘Sé que Soy una Anomalía’, descaradamente electrónica y bailable y que resulta una vía de escape vital a ese frustrante momento de la noche en que las calles parecen torcerse y nuestra existencia someterse a prueba. Y tras ‘Putochinomaricón’ nos dicen adiós los gruesos beats de ‘Teléfono, mi casa’. Un final por todo lo alto en el que proclaman que “hoy no va a terminar la noche, aunque te vaya a perder para siempre”. Hasta la próxima, Martí.

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